Para abarcar este apartado primero nos
gustaría comentar muy por encima el concepto o definición de educación formal y
el de educación permanente.
Entendemos como educación formal a la formación
reglada que forma parte del sistema
educativo, podríamos decir que la educación formal es un proceso de educación
situado dentro de un cronograma y que tiene como objeto el cumplimiento de un
currículo oficial.
La educación permanente para Edgar Fauré es
un «proceso (educativo)
continuo e inacabable que se prolonga a
lo largo de la vida…» (R.Días, Desconocido)
La educación permanente no sólo surge
como forma de rechazo a la idea de que la educación formal es suficiente para
el perfeccionamiento de las capacidades humanas, sino también de la necesidad
de una formación alejada de los cronogramas que incluyen las edades de las
personas como categorías que definen su proceso de aprendizaje y el resultado
del mismo, además la adquisición de los conocimiento propios de los contenido
del currículo limitada por un calendario pone todavía más de manifiesto la
emergencia de una renovación en materia de formación, las personas merecen la
posibilidad de ser acompañadas de manera pedagógica a lo largo de todo su
proceso evolutivo, siendo consideradas como dueñas por ley natural del mismo. De
esta forma se entiende que la educación formal no proporciona un acompañamiento
pedagógico conforme a las necesidades del desarrollo intelectual, físico y
moral de la persona, por ello se exige una práctica educativa paralela y a su
vez transversal y secuenciada a la
acción educativa del plano formal, de la cual las personas obtengan
conocimientos funcionales en “otros espacios sociales, como los propios del
ocio, o del tiempo libre, o en las esferas laborales” (Cañellas) .
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